La depresión masculina se enmascara, que pasa inadvertida. Ese enmascaramiento es costoso. La depresión está asociada a enfermedad coronaria e infartos cardiacos y cerebrales, padecimientos que afectan a los hombres con mayor frecuencia y a una edad más temprana que a las mujeres...
Pocas veces el varón expresa la alteración del estado de ánimo a través de síntomas psíquicos como la tristeza, la labilidad emocional o la ideación depresiva. Por eso la depresión masculina está más enmascarada que la femenina y puede pasar inadvertida cuando el profesional –médico, psiquiatra o psicólogo- no advierte que la depresión se está manifestando como anorexia, astenia, dolores musculares, cefaleas, insomnio, pérdida de peso.
Incapaces de identificar las emociones propias y, por lo tanto, de expresarlas con palabras, estos depresivos sólo mencionan los síntomas físicos de su malestar, por ejemplo insomnio, disminución de la energía y problemas de concentración. No son conscientes de estar deprimidos.
El alcoholismo y las adicciones, sin ser exclusivos de la depresión masculina, a veces se suman a ella, como la otra cara del vacío depresivo. (Y ya sabemos que también pueden ser adictivos el trabajo, los juegos de azar, etc.) Depresión y adicción forman un círculo vicioso. Se busca la euforia artificial para escapar de la apatía depresiva, pero el alivio es pasajero. El daño, en cambio, es duradero y acentúa el sentimiento de culpa.
Dijimos que la depresión masculina se enmascara, que pasa inadvertida. Y ese enmascaramiento es costosísimo. La depresión está asociada a enfermedad coronaria e infartos cardiacos y cerebrales, padecimientos que afectan a los hombres con mayor frecuencia y a una edad más temprana que a las mujeres. Los hombres con depresión y enfermedad cardiaca tienen dos o tres veces más probabilidades de morir que los hombres con enfermedad cardiaca sin depresión. En los últimos 40 años, la tasa de suicidio entre hombres ha sido cuatro veces superior a la de mujeres.
Los estados depresivos pueden aparecer a propósito de cualquier alteración somática. Y habrá que apelar al tacto clínico para decidir entre tres posibilidades: a) que los estados depresivos hayan provocado los síntomas somáticos; b) que sean ellos, en cambio, los resultantes de una enfermedad médica; c) que condicionen la evolución de la enfermedad médica.
Estas diferencias están avaladas por los estudios de género. ¿Cómo se configuran los mandatos acerca de lo que se debe ser y tener en mujeres y varones? El género no se puede pensar fuera de una cultura, sin entramar prácticas o discursos, sexualidad, valores e ideología. La depresión y sus manifestaciones serán una oportunidad para lograr entre todos un nuevo modelo social de masculinidad en que sea posible la expresión de afecto y ternura.