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Mauro Escobar: un taxista PDF Imprimir E-Mail
viernes, 16 de noviembre de 2007
ImageMauro Escobar Coronel tiene 47 años de edad y 22 como taxista. Empezó en el oficio cuando aún era muy joven. Tenía que llevar el sustento a su familia pues la situación económica le obligaba a hacerlo. En su adolescencia tuvo que abandonar la secundaria, pero retomó sus estudios a los 27 años. Ahora, estudia Derecho en la Universidad Nacional de Loja y está a dos años de ser abogado.

"Los taxistas no somos malas personas"

Sin embargo, sus logros no acaban ahí. Mauro es el primer taxista escritor del país. Su libro Anécdotas de un taxista es una recopilación de las mejores situaciones que este taxista, amante de la literatura de García Márquez y de Jorge Icaza, ha vivido en todos sus años como profesional del volante.

Cuando uno aborda el taxi de Don Mauro lo primero que recibe es un saludo amable y una sonrisa. Luego, el conductor se voltea hacia los pasajeros con un libro en la mano y pide la opinión de los clientes sobre él. Con solo mirar la portada del libro y leer el título ya surgen muchas preguntas, pero al explorar sus páginas se generan muchas más.

¿Cuántos años lleva en esta profesión, cómo la eligió?
Llevo 20 años de taxista y empecé a trabajar para mantener a mi familia porque la situación económica no era buena. Ahora ya llevo todos estos años en esta profesión que me ha traído alegrías y desdichas.

¿Y el Derecho?
Bueno, a mí siempre me han gustado las leyes, pero no he tenido las condiciones económicas para estudiar en mi época juvenil pues he tenido que trabajar. Las cosas han ido mejorando y me he dado cuenta de que estoy en capacidad de continuar con mis estudios.

Mi afán por estudiar Derecho surge de la necesidad que he visto que tiene la gente pobre. Puesto que yo soy de condición muy humilde, he visto como la gente abusa de los que menos tienen y he pensado que estudiando leyes puedo ayudar a estas personas. Así que me he esforzado, ya estoy en cuarto año de leyes y me faltan solo dos más para ser abogado.

¿Por qué decidió escribir el libro?
A mí siempre me ha gustado escribir. Me gusta mucho la literatura de Gabriel García Márquez y también la de Jorge Icaza y Ángel Felicísimo Rojas. Yo prefiero escribir que ver el fútbol.

Me decidí a escribir el libro por consejo de mi mujer y de mis tres hijas. Tenía tantas anécdotas que contar a la gente, que ellas me sugirieron plasmarlas en papel. Así, logré hacer 800 páginas pero, me recomendaron que lo dividiera en libros de 100 páginas para que no sea tan extenso.

Lo saqué en el mes de septiembre del 2003 y me ha dado buenos resultados, esta es la segunda edición y ya se me va a agotar. Quienes más me compran son los pasajeros y los compañeros taxistas. Además ya he traducido al inglés, para los turistas.

Leyendo su libro he notado que tiene un especial cariño hacia su taxi, cuénteme sobre ello.
Vivir en el taxi o manejando el taxi hace que uno le tome cariño. Es como pedirle opiniones a un amigo que solo responde dejándose manejar, no hay otra compañía mejor que el taxi. Además, es quien está en las buenas y en las malas, hemos vivido tantas cosa, una diversidad de problemas y también cosas bonitas.

A pesar de que he cambiado mi taxi algunas veces. Empecé con un volkswagen pequeñito. En esa época no había tanto control policial, así que se pintaba el carro de amarillo y ya era taxi. A veces no había ni que pintarlo, eran de cualquier color, solo se ponía un rótulo que decía "taxi" y la gente ya identificaba. Pero como mi taxi era viejito le vendí y luego compré otro, viejito así mismo, y a Dios gracias hoy tengo la suerte de tener un taxi nuevo.

¿Qué es lo primero que piensa cuando le hacen la parada?
Primero le miro al pasajero a los ojos y trato de hacerle la conversa. Viendo como se expresa y a dónde pide que le lleve se me viene una serie de ideas: a dónde se irá, por qué se irá, por qué estará serio o por qué hablará tanto.

Pero, sabe que ya no funciona eso de verle al cliente y juzgarle por la pinta. Ahora ya no se identifica al delincuente por su forma de vestir. En la actualidad los delincuentes andan mejor vestidos que los diputados. Andan con corbata, como ejecutivos, bien vestidos y en el camino le asaltan. Sin embargo, uno aprende a analizar a la gente utilizando psicología rudimentaria. Uno ya sabe que cuando una persona está muy callada puede haber problemas, pero la mayoría de veces, los que más hablan son los que dan problema.

El taxista siempre analiza a los pasajeros y muchas veces que he pensado ciertas cosas de alguna persona ha resultado verdad. Pero, en un asalto, el corazón ya le anuncia a uno el peligro, el corazón se acelera y uno ya sabe.

¿Cuál es el mayor peligro que enfrenta en su profesión?
El asalto es uno de los mayores peligros que enfrentamos los taxistas pero también está el de la gente imprudente. Los choques, rozamientos, la gente que se cruza sin ver. Tenemos que estar con la inteligencia bien ubicada para evitar desgracias.

Alguna anécdota especial al respecto...
En mi libro cuento la anécdota de "Mi chompa nueva de plumón". Yo estaba usando una chompa gruesa de plumón que me había comprado con mucho esfuerzo y esa noche me asaltaron. Yo pensé que me estaban dando con los puños y me defendía. A uno le pateé y le dormí, los otros dos asaltantes salieron corriendo.

Cuando me desmayé, los compañeros me llevaron al hospital. Cuando el médico apareció tenía mi chompa llena de puñaladas, estos maleantes me habían estado clavando algo corto punzante pero yo solo tenía una herida. Mi chompa me había protegido, gracias a Dios.

Image¿Cómo es la relación con el cliente?
Cada cliente es una anécdota, una vida, un mundo diferente y aporta con lo que escribo. Es muy gratificante. Yo siempre respeto mucho a los pasajeros, les saludo, les atiendo con una sonrisa, hago que el viaje sea agradable para los dos. Porque, en definitiva, ambos estamos estresados, tenemos nuestros problemas y qué mejor que pueda desahogarse en mi taxi.

Generalmente, las personas me conversan. Me cuentan sus problemas y yo me permito aconsejarles. Una vez, eran las dos de la tarde, se subió una señora y me dice: "¿Señor cuanto hace en el día?" Yo le digo que cómo así me pregunta y ella me dice que era para una encuesta.

A medida que íbamos conversando tomó confianza y me dijo: "Yo le preguntaba para ver si es que usted puede acompañarme a tomar cervezas". Yo le dije que no porque tenía que trabajar y ella me dijo que me iba a pagar más de lo que ganaba si le acompañaba a tomar unas cervezas. Yo le acepté. Nos fuimos a un local, tomamos cervezas y conversamos. Durante la conversación me di cuenta que a la señora le hacía falta desahogarse con alguien. Me habló de su familia, sus hijos y sus yernos, allí me di cuenta de que el factor común en su vida era el problema.

Así que, cuando dieron las nueve de la noche yo me despedí de ella dándole ciertos consejos para que mejore su vida y sus relaciones familiares. Cuando me pasan cosas como esta, me doy cuenta de que la gente necesita que yo le escuche, así que eso hago y, si me permiten, les doy consejos.

¿Cuáles son las mayores alegrías que le ha dado su profesión?
Una de las mayores alegrías que he recibido es mi carro nuevo, una herramienta nueva con la cual puedo servir mejor, atender mejor y trasladarme más rápido.

Las experiencias son algo muy bonito porque, gracias al taxi, he conseguido que me conozca mucha gente, y que me nombren el primer taxista escritor del Ecuador. Lo que me gustaría es que la gente nos tenga, a los taxistas, en otro concepto porque muchos creen que somos malas personas. Yo he hecho una encuesta y sacado la conclusión de que la gente coge taxi por necesidad, no por gusto.

Yo pienso que deberíamos cambiar esa forma de pensar dándole a la gente confianza y respeto, sirviendo con diligencia. Pues nos debemos al cliente, si no hay cliente nos va mal y para que mostrar mala cara a quien nos da el pan. Por eso, cuando sea abogado no pienso dejar mi taxi, porque se aprende mucho y se reciben muchas cosas buenas.

 
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