Esta es la historia de los objetos de las historias de amor
lunes, 09 de abril de 2007
Hace unos meses me enteré de la muerte del novio de una amiga. Me corrijo, ya no era su novio, pero lo fue. Después de ella, otra persona ocupó su lugar, como es lógico y común, cada vez que se acaba una historia...
Por Lina Ness
¿Sabes a dónde van a parar los regalos que le haces o haz hecho a tu pareja?
Hace unos meses me enteré de la muerte del novio de una amiga. Me corrijo, ya no era su novio, pero lo fue. Después de ella, otra persona ocupó su lugar, como es lógico y común, cada vez que se acaba una historia.
Lamentablemente, este joven hombre falleció y entristeció a muchas personas. Después de su muerte tuve la oportunidad de conversar con mi amiga y con una amiga de este chico y fui inevitable hablar de qué pasaría con todas su cosas personales. La reflexión iba porque todos y todas en algún momento determinado hemos mostrado nuestro afecto de alguna u otra manera material; ositos de peluche, separadores de libros, una pulsera, una cadena, algún anillo y a los que les gusta escribir y revelarse en la escritura, muchas cartas de amor.
¿En dónde estarían las cartas que ella le entregó como prueba de amor o como un simple recuerdo, algún mensaje para una cita, un saludo cariñoso? ¿Quién tendría acceso a este material personalísimo cuyo destinatario final ya no existe? ¿Es violación a la intimidad que los familiares no devuelvan todo esto a sus dueños? ¿Vale la pena conservar estas pertenencias?
Cuando le preguntamos a mi amiga si quería que intentáramos recuperar las cartas que ella alguna vez le escribió, dijo que ya no era necesario, solo que había pensado mucho en el destino de toda esta producción movida por el amor que alguna vez le tuvo y que la ponía un poco tensa pensar que otras personas leyeran esas cartas.
Toda esta historia me hizo pensar en mis propios peles personales, en el perrito de peluche que una vez regresé, en la pipa de marihuana que obsequié como muestra de solidaridad o en las cartas y notitas que ahora pienso ridículas y que alguna vez envié. Más todavía, pienso en las cajas que tienen cartas escondidas, secretas y que ni yo quiero volver a leer.