Dicen que una traición es amarga, que puede envenenar el alma, y no crean que es la letra de un bolero. Pero yo tengo otra versión lectores. He llegado a la conclusión de que la traición sabe a Vodka, y por cierto no a cualquier vodka. Su nombre es Stolichnaya. No el del traidor, por cierto, sino el del vodka, el mejor que he probado y el que nunca encuentro en el supermercado.
Por: Lina Ness
Pero hagamos memoria. Todo ha sucedido muy rápido. En otras palabras, cuando a las mujeres nos traicionan solemos enterarnos sólo al final. Clásico, ¿no? La cosa es que no queremos ver, lo que ya todos han visto. Así es. No hay lógica.
Yo, por ejemplo, pensaba que mi novio estaba tan, pero tan cansado, que se quedaba dormido, antes de... bueno, ustedes ya saben. Pero la intuición femenina, eso que tenemos las mujeres y que generalmente nos pone paranoicas, falla poco.
O qué me dicen del caso de mi mejor amiga que recibía confirmaciones de taxis a su teléfono celular, a las horas más increíbles del mundo. O mejor dicho, a las más creíbles cuando se hacen ciertos menesteres. La música de Sueño de Amor de Franz Liszt que anunciaba los mensajitos le agudizaban su insomnio, hasta que decidió llamar a la empresa de taxis para contarles la equivocación. Y efectivamente era eso, lo que ella se sospechaba. Alguien salía de la casa de su novio en la madrugada, o a las 8 de la mañana, en fin.
Yo en cambio, lo descubrí cuando una noche nos íbamos a dormir y percibí el irresistible aroma en su almohada. Era inconfundible. Puro Stolichnaya, y como mi novio no bebe ni Pony Malta, no hubo quién me convenciera de mi supuesta locura. Yo, que soy toda una adicta al vodka... Por eso les digo, para mí, la traición huele y sabe a Stolichnaya.