Todo empezó cuando caminaba en un popular centro comercial de la ciudad. En una vitrina resplandecía el objeto de mi deseo. Era un hilo dental rojo con flores verde oliva que hacían contraste con mi piel y mis ojos.
Por: Lina Ness
Llega carnaval, yo me preparo para emigrar a las playas como los miles de turistas que lo hacen cada año. No me siento a reflexionar por qué quiero estar en una playa atestada de gente. Eso sí, hago la maleta con anticipación, es más ya está lista. Cuando colocaba la ropa que voy a usar recordé el carnaval del año pasado.
Todo empezó cuando caminaba en un popular centro comercial de la ciudad. En una vitrina resplandecía el objeto de mi deseo. Era un hilo dental rojo con flores verde oliva que hacían contraste con mi piel y mis ojos. ¡Este tiene que ser!, no cabe la menor duda me dije a mí misa mientras lo contemplaba cuando sentí la presencia de alguien a mi espalda.
Seguro te quedaría muy bien-, escuché que decía una voz varonil, de esas que ya no se escuchan mucho.
Me volteé y ahí empezó la tórrida aventura amorosa de la temporada pasada. No tengo que decirles quién me compró el traje de baño, eso es obvio.
Joaquín se llamaba, lo recuerdo perfectamente, y también recuerdo cómo se acabó el romance. Dicen que lo corto debe ser intenso y esta historia lo fue.
Joaquín y yo habíamos salido tres meses ya, la temporada se estaba acabando, y una tarde de sol, un fin de semana, me encontré con mi ex compañera de colegio, Melissa.
Para mi sorpresa, mi amiga se explayó en detalles sobre su nueva relación y lo generoso que era su novio. Hasta ese momento yo no había reparado en su traje de baño. ¿Se imaginan? Sí, pues Melissa tenía el mismo bañador rojo con flores verde oliva, que por supuesto, hacía juego con sus ojos y su piel. ¡Su novio era mi Joaquín!