Tai Chi Chuan se describe como una sucesión de movimientos corporales encadenados y armónicos, lentos y suaves, coordinados con la respiración que sirven para conseguir una larga vida y como defensa propia.
El Tai Chi abarca un amplio conocimiento de las aplicaciones marciales, una comprensión profunda del fluir de las energías así como un estado meditativo de la mente.
El adiestramiento está diseñado para conectar con lo que sucede interiormente, mientras se mantiene una disciplina externa que ayuda a canalizar las energías estimuladas por los movimientos. Esta relación entre lo interior y lo exterior es la clave para apreciar la belleza del arte que exige un grado de armonía entre la mente y el cuerpo que va más allá de la coordinación y el equilibrio.
La importancia de guiar los movimientos externos desde lo interno, de relacionar constantemente las partes con el todo y crear la conciencia que comunica los aspectos físicos, mentales y emocionales.
Este aspecto es el que hace del Tai Chi un sistema holístico de entrenamiento capaz de ocuparse de nuestras partes externas e internas como muy pocos sistemas son capaces.
A través del autoconocimiento se llega a desbloquear el físico y lo psíquico consiguiendo así un movimiento más libre y espontáneo a nivel corporal como dentro de las relaciones humanas. Esto seguramente repercutirá en una forma de expresión y comportamiento más bello y con personalidad.
Esta técnica que relaja y estimula, induce a un comportamiento más sereno, a una acción más serena y aunque parezca contradictorio sucede durante la práctica.
Existen sistemas que estimulan porque excitan pero no pueden calmar, y otros que relajan y adormecen pero no pueden estimular.
Desde el factor técnico se vería que el Tai Chi Chuan no programa determinados movimientos, sino que los libera a una acción conciente, a la espontaneidad que no debe ni tiene porque ser desordenada. La actitud en la práctica sería: “No hay que pensar, pero hay que estar...”.
Lo meditativo del Tai Chi son los movimientos en los que no se pretende un alarde de desarrollo de fuerza física, sino una comprensión conciente del cuerpo a través de la meditación del propio movimiento.