La agresividad es el motor de la vida. Como entidades individuales tenemos instalado el “chip” de la supervivencia.
En su manifestación más básica, la agresividad como mecanismo regulado por las glándulas suprarrenales y hormonas, como la adrenalina, nos impulsa a defender nuestro territorio y nuestro cuerpo a través de la función de la Violencia, sobrevivir es su máxima prioridad.
Por eso, mucha gente confunde la agresividad con la violencia, a menudo usando ambas palabras como sinónimo, pero esto no es exacto, la violencia es sólo la expresión más parcial y limitada de la agresividad.
En su siguiente nivel de expresión hormonal, la agresividad se expresa como un estimulante y un motivador para la expansión del propio potencial, es decir, la capacidad de asumir retos y motivarse venciendo límites y desafiando dificultades.
Más tarde, la agresividad se vestirá con hormonas y neurotransmisores como la serotonina que nos ofrecerán el goce del éxtasis en la actividad sexual, para así relacionarnos con otros y de paso reproducir el “yo especie”.
Pero sin duda, la transformación más importante de la agresividad es cuando ésta alcanza el nivel de la creatividad. La pulsión creativa es la más avanzada en nuestra vida, de hecho el Universo es profundamente creativo, ya que desde la Unidad esencial se manifiesta constantemente de forma nueva y cambiante.
Nuestra existencia individual se justifica por nuestro aporte exclusivo a la Vida una... En otras palabras, por la expresión de nuestro potencial creativo, algo que los místicos han llamado Kundalini.
El Guerrero Solar viaja en su proceso desde la violencia hasta la creatividad, pasando por tres etapas: sobrevivir, vivir y Supervivir.
La Vida Superior, la Supravivencia, es sólo posible mediante la expresión del potencial creativo, éste es el sentido de las Artes Marciales Iniciáticas. Fuente: cosmosyvida.com