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martes, 15 de abril de 2008

ImageLa quinta película de Paul Thomas Anderson. Es una obra mestra sin fecha de vencimiento, que alcanza el status de imprescindible gracias en gran medida a la monumental interpretación de Daniel Day Lewis.

Por Fernando Vallejo

 

 

Algo que cuesta mucho aceptar, -haciendo irremplazable la experiencia en una sala de cine -, es que todo lo que vimos en la pantalla no es real, y lo más increíble es que después de esa verdad irrefutable, nos asalta un nuevo estado de maravilla y sorpresa al imaginar entonces como carajos pudieron haber logrado lo que se nos muestra.

Petróleo Sangriento es un filme riguroso, cuya producción de más de 4 años desemboca en una visión realista y de gran factura de esa California de inicios de siglo, y en un  retrato inolvidable de los primeros magnates del petróleo en Norteamérica. La idea de la película empezó a fraguarse en la mente de Anderson con la lectura de Oil (1927), la novela de Upton Sinclair, y que marcó el inicio de una investigación vehemente que encamino al director en dirección a numerosos libros, quedando sumamente impactado también por The Dark Side of Fortun, -aclamada biografía de Edward Dohen-, escrita por Margaret Leslie Davis, libro que cuenta cómo Doheny acabó convirtiéndose en un icono de la fama y el poder, ese primer petrolero de California al que caracterizaba su corrupta avaricia. Una mezcla de varias historias, paisajes de archivos ancestrales y esa pegajosa y preciosa sustancia que saca lo peor de los hombres,  se convirtieron en las fuerzas motoras del magnífico guión de una película sin fecha de vencimiento.

Bajo una envoltura clásica, Paul Thomas Anderson vuelve a perder la mesura para caer en el exceso y la osadía; tres cualidades que siempre se le agradece y por las cuales es lo que es. El éxito esta gran película, -que se mueve en territorios de humillación, la ira que esta produce y el natural deseo de venganza que a la larga será lo único que la aplaque-, radica también en las elecciones del equipo artístico-técnico y en obviamente en un excelente reparto. Jonny Greenwood, más conocido como el guitarrista  y una de las fuerzas creativas de Radiohead, es el responsable de la inclasificable e imprescindible banda sonora. Robert Elswit, responsable de la dirección de fotografía de toda la filmografía de Anderson, logra en exteriores recrear sobrecogedoras composiciones pictóricas que ayudan a explicar las tramas de la película. Jack Fisk, que tuvo un gran debut como director artístico de Terence Malick en BADLANDS y que ha logrado formidables aciertos con directores de la talla de David Lynch y Brian De Palma, es el responsable del diseño de producción.

Sin duda alguna las actuaciones de todos los personajes son memorables, pero sobre todo la de Daniel Day Lewis es la que alcanza niveles de virtuosismo exacerbado, sin desmerecer la actuación tan oscura y sorprendente de Paul Dano, haciendo creíble ese enfrentamiento entre la avaricia desenfrenada y un idealismo espiritual fuera de todo control que se muestra de muchas abrumadores formas durante toda esta película. No estoy seguro si el resultado hubiera sido el mismo sin el reclutamiento de Day-Lewis.

Esta película, sucia, violenta, inquitante y sorprendentemente humana, es de esas pocas que se ven hoy en día y que le devuelven a uno la fe en el cine como arte y nos hacen creer en otro Hollywood.

 

 
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