Milla Jovovich por tercera ocasión en su papel menos brillante pero más rentable.
Por Fernando Vallejo
Es duro ver como una actriz con tanto talento como Milla Jovovich ha logrado encasillarse en el frágil imaginario global como la letal Alice, - esa sexy mata zombies casi indestructible y que es fruto de los nefastos experimentos genéticos de la Corporación Umbrella-, en la taquillera adaptación al celuloide del video juego Resident Evil, que este año llega a su tercera entrega con la frase Extinsión; que ojala sea una promesa y no otro truco de marketing de Sony Pictures.
La película en ciertas secuencias disfrutable, realmente no le aporta nada nuevo a un género que ha sido explotado hasta el cansancio por los estudios de Hollywood, con una temática recurrente en el catálogo fílmico dedicado a los muertos vivientes. Las influencias de varias películas de décadas pasadas son realmente evidentes, y aunque van desde Mad Max hasta los clásicos de George A. Romero, tampoco es que estorben demasiado o que le vengan mal a una historia que no busca un Oscar sino más bien cumplir en la taquilla y permanecer haciéndolo cuanto tiempo los fans lo hagan posible.
En la memoria me quedan las escenas de pura respuesta visceral, como el ataque de los cuervos mutantes o la trepidante pelea en una post apocalíptica ciudad de Las Vegas sepultada por las tormentas de arena; e incluso el ambiguo y extravagante final, más abierto de lo que se pudiera esperar, y que invita a nutrir la máquina de rumores de los millones de seguidores de todo el planeta, ya puesta en marcha obviamente, y que dispara los avisos de la llegada de una cuarta entrega. Chispas el público de hoy es realmente generoso.
Ojala Milla Jovovich se olvide un poco de su chequera y deje de encarnar heroínas de comic y video juego que sumadas a los contratos blindados con MNG y L´Oreal hacen que su futuro financiero este asegurado, para demostrarnos por qué en el pasado fue fichada por directores tan talentosos y arriesgados como Win Wenders, Michael Winterbottom o Luc Besson, para encarar personajes mucho más complejos y memorables.
Como dato curioso, el mexicano ganador del Oscar, Eugenio Caballero, responsable de la dirección de arte de El Laberinto del Fauno de Guillermo del Toro y de Crónicas de Sebastián Cordero, fué quién lideró el diseño de producción de esta película.