Una fábula acaramelada al más puro estilo de Disney.
Por Fernando Vallejo
El éxito en la taquilla local de esta nueva película de Disney hacía pensar que realmente nos enfrentaríamos a una experiencia alucinante y memorable, pero lastimosamente y a pesar de todos los requiebros narrativos de Encantada, esta es una más de esas películas para olvidar.
Tal vez el éxito se deba a la calificación, pues en las marquesinas de las salas de cine esta película para adolescentes en busca de reacciones viscerales alrededor del imaginario del amor ideal, se presentaba como un filme apto para todo público, es decir una película infantil. Ahora, si mi hijo de 5 años terminó empalagado, imagínense a uno con una treintena de años más y que ya de plano abandonó la idílica idea del amor de cuentos de hadas, o peor aún a los nuevos adolescentes, que todos sabemos que ya de plano no mandan flores ni tampoco juegan a la botella con besitos inocentes.
Encantada, cuenta la historia de la guapísima princesa Giselle, expulsada por la reina malvada de las tierras mágicas y musicales patentadas por Disney hace más de 50 años, a la cruda realidad de las calles de Nueva York, justo un día después de haber encontrado a su príncipe azul y encarar su muy personal ¨ vivieron felices para siempre ¨…
Aunque el punto de arranque de la película es brillante, - pues traslada el imaginario de fantasía de las películas clásicas de dibujos animados al caos real del postmodernismo de los seres humanos -, y a pesar de que la película ofrece una docena de muy buenos chistes alrededor de los descubrimientos en Manhattan de estos seres de cuento de hadas (princesa, reina mala, ardilla parlanchina y príncipe azul), la película no termina de enganchar a la audiencia, y la comedia de humor negro light por la que se transitaba, se convierte en una comedia romántica y edulcorada de final previsible.