La crítica rancia y purista despotrica contra un film que recibe cada día más apoyo del público.
Por Fernando Vallejo
De esta película se ha dicho bastante y no necesariamente a favor, incluso en Colombia llegaron a encasillarla como una ofensa imperdonable contra el legado de Gabriel García Márquez; pero realmente no es para tanto…
Este melodrama de cincuenta millones de dólares que aparentemente se le fue de las manos al director de Cuatro Bodas y un Funeral, es otro de los arriesgados proyectos del productor Scott Steindorf, quién luego de una cacería implacable para obtener los derechos de libro, logró junto a Mike Newell una película sobre la que muchos consideran la mejor novela del Gabo.
Yo realmente no entiendo a los puristas, tanto del cine como de la literatura, ¿qué es lo que se esperan de la adaptación de una novela que mezcla a placer lo trágico, lo ridículo, lo inesperado, lo prohibido, lo erótico, lo tropical, lo desmesurado, lo imprevisible y hasta lo mágico, en dos escenarios distantes?
Lo cierto es que, según Gabriel García Márquez, esta es la historia que más nostalgias, satisfacciones, encuentros, desencuentros, sueños y desvelos le ha producido, antes y después de escribirla.
Yo creo que el público tiene la última palabra y será quien en última instancia descubra si El amor en los tiempos del cólera es tan mala como dicen los críticos, o por el contrario, es tal vez sólo una aproximación frustrada a una historia estupenda de un icono de la literatura moderna con una fotografía seductora, muchas actuaciones envidables, una reconstrucción genial de esa Cartagena convulsionada por la peste, y un tono de telenovela que no es soportable por muchos.
El trabajo del director de segunda unidad, el colombiano Felipe Aljure (El Colombian Dream) al filmar esa Cartagena casi sureal, es notable, alcanzado más de 70 locaciones espléndidas y rescatando prácticamente la apariencia de lugares legendarios como el Palacio de la Inquisición, la Escuela de Bellas Artes, la Casa del Marqués de Valdehoyos, el Parque Bolívar, la Plaza de la Aduana, el Colegio Salesiano, La Boquilla y la Gobernación.